Al sur la de Isla del Olvido, bañada por las cálidas aguas del Mar de Libia. A los pies de las Montañas Blancas. Camuflada entre barrancos y ensenadas, se halla La Sfakia. Un lugar de encuentro para quien vaga...







lunes, 12 de octubre de 2009

El Mundo III - Atunes y Mazmorras



Durante estos días, como viene siendo habitual en el último año, hemos sido testigos de un secuestro, de un atunero español. Hemos visto la lógica angustia y preocupación de los familiares. Y la respuesta de las autoriades, para resolver el caso. De estas mismas autoridades y voces públicas, hemos oído opiniones acerca de enviar, por ejemplo, soldados a bordo o incluso mercenarios contratados. Claro está, para que protejan a los barcos de los ataques. Como de hecho, según parece ya hacen ingleses y franceses.
Podríamos estar describiendo esta realidad, con estos enfoques, durante largo rato. Sin embargo, todo lo que hemos oído acerca del caso concreto del pesquero y de la pesca en el Índico, ¿nos da un dibujo certero de una realidad, que quizás sea más amplia?
Esta tarde, en la radio, han entrevista a Vicente Romero, cuyos reportajes suelo seguir en Informe Semanal. El programa, inteligentemente, ha escogido plantear este asunto con él. ¿Por qué? Yo creo que porque sabían que iba a saber describirlo, analizarlo, de tal manera que hiciera ver al oyente que, tal vez, la manera con la que hasta ahora ha juzgado todo este asunto, no era la más acertada. La más cercana a la verdad.
Ha venido a decir, señores, sí entendemos el sufrimiento de las familias, de los marineros. Entendemos que todos tenemos que ganarnos la vida. Entendemos que hay que defender su integridad. Por supuesto que sí. Pero, de qué manera manejamos nuestra relación con el resto del mundo, con el resto de la naturaleza, con el resto de las sociedades.
Como él ha explicado, los atuneros occidentalels, españoles incluídos, faenan en estas aguas. Pero no con bandera de sus países. Es decir, van a esas aguas y las explotan con nuestra potencia tecnológica y con sus escasas limitaciones en la explotación.
¿Qué es todo esto? ¿Qué es, por poner un ejemplo que ha puesto Vicente, el hecho de que una empresa española, como Pescanova, vaya a las costas de Senegal e instale una gigantesca infraestructura? Para pescar, congelar, manufacturar y enviar el pescado, a un mercados muy lejanos a Senegal. Mientras los pescadores tradicionales nativos, se quedan sin pescado y no alimentan a su sociedad. Pero es que además, las artes tradicionales de aquellos pescadores eran las que permitían conservar y perpetuar los recursos. Y ellos jamás, supongo, utilizarían conceptos como sostenible, ni verde, ni eco, etc.
Pero la cuestión no son ya ellos. Sino nosotros. La cuestión es que estas cosas son así. ¿Y qué percepción tenemos nosotros de ellas? ¿Las vemos? ¿Nos las planteamos? No, en general no. Como sociedad en su conjunto, evidentemente no. No hay más que ver que, en ninguno de los informativos que han cubierto esta realidad, hay referencia alguna a estas situaciones, a las relaciones de los pesquero con el medio al que van, tanto el marino como el humano. Nada. Sólo el hecho de que son atacados.

¿Con qué enfoque, sobre la realidad partimos? Para analizarla, para juzgarla. Pienso que con un enfoque equivocado. Equivocado, no sólo porque pueda ser juzgado como moralmente negativo. Eso podría obviarse. Sino, sobretodo equivocado, porque genera un discurso que, por muy bien construído que esté, por muy sofisticado que sea, no nos permite comprender. Es decir, nuestros barcos allí no sólo sufren el problema, son parte importantísima de aquello que genera el problema. La forma de vida, de la sociedad a la que estos atuneros pertenecen, es parte activa en la creación del problema. Sin embargo, nunca, nunca, nunca, dicha sociedad abordará el problema situándose como parte del él
Con ello, ¿qué individuos tenemos en nuestra sociedad? ¿de qué enfoque partimos para relacionarnos con el mundo? ¿Cómo vamos a ponernos a pensar en las costas de Senegal, cuando cojamos unos filetes de un pescado, en un congelador de algún supermercado. ¿Cómo vamos a atar cabos? ¿Cómo llegamos de ese pescado, a la relación que, su forma de obtención, tiene con la destrucción de un hábitat y unas redes sociales?
Dependemos totalmente de nuestro sistema de vida. No tenemos autonomía respecto a él. Estamos atrapados en una gigantesca contradicción y lo único que hacemos es huir hacia delante. Podemos llegar a la discusión de que está mal. Pero, hacia dónde podemos ir, realmente, más allá del discurso. Con honestidad. Como especie, estamos en una encerrona. Llevamos siglos huyendo. Y ahora apenas nos damos cuenta. Pero no por aprendizaje, sino por castigo. Por las consecuencias, que ya vemos, de nuestra huída.

1 comentario:

  1. Mmmmm, muy bueno el apunte, esa es la reflexión que el periodismo ciudadano debería considerar, siempre hay una visión más general, una interpretación de la noticia que se debe plantear, y más en un caso como este.

    Saludos Germán! :)

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