Al sur la de Isla del Olvido, bañada por las cálidas aguas del Mar de Libia. A los pies de las Montañas Blancas. Camuflada entre barrancos y ensenadas, se halla La Sfakia. Un lugar de encuentro para quien vaga...







sábado, 22 de octubre de 2011

Ya son 90!!!


Y por qué no celebrarlo. A quién le importa. Por qué tienen que ser siempre los cien. 90 es un número mejor. Aún no ha llegado al cénit, aún le queda esperanza. Aún aspira a volver a empezar. Ya son 90 entradas de este blog.
- Felicidades. ¿Cómo te planteas esta nueva etapa?
- Pues, la verdad, pienso seguir en la línea que empezó hace poco más de dos años.
- Has escrito sobre diversos temas, aunque parece que tratas de seguir una cierta coherencia...
- Uno siempre lo intenta (risas)... Verás, un amigo me dijo una vez que, para conseguir transmitir algo debías darle un enfoque. De eso se trata. Y en eso estamos.
- Qué te gustaría que la gente percibiera en tus escritos.
- (Piensa) No es fácil contestar a esa pregunta. Antes de escribir, uno tiene una motivación que, muchas veces, cambia durante el proceso de escritura. Y, otras tantas, vuelve a cambiar, cuando la escritura acaba, y el escrito tiene, al fin, vida propia. Ahí, ya, lo que uno quisiera, poco importa... es como querer construir un minúsculo universo, con cierto oficio, con una buen acabado, con un argumento plausible, con el grado justo de coherencia, algo de técnica y eso, que nadie sabe qué es, y que es lo único que importa... Como batirse el cuero, frente al espejo, en busca de, no sé, seguramente la belleza.
- No parece fácil, en los tiempos que corren.
- Nunca lo fue. Y, precisamente por eso, sigue siendo necesario.
- Ojalá sea así. Espero que la encuentres.
- Yo espero que la encontremos juntos.

                                                                      ¿O no?




When You Dream





That's a lie...

Se podría decir más alto, pero no más ronco. De todas maneras, para quien quiera escuchar la canción en la versión original, aparece en el disco Frank's Wild Years. Hay otra, al final de la película Smoke, escrita por Paul Auster. Pero no es lo mismo. Ésta es más descarnada, como lo son las mejores melodías de Tom Waits. Sin perder, por supuesto, el aroma a ternura. Esa mezcla que, durante años, me fue irresistible. Era un poco como Bob Dylan definía las canciones de The Clancy Brothers and Tom Maken, para cortarte el cuello y echarte a llorar. Y regocizarte, y autocompadecerte, y volverte a regocizar. Ay, ay, ay, de mí.
¿Y qué? ¿Quién dijo que sentirte miserable no podía esconder la promesa, extraña, de la belleza? Tal vez fuera eso, añorar lo que se quería, y esperar a que, milagrosamente, apareciera. Por el mágico embrujo de una canción. Y claro, no sucedía. Pero, ¿y el rato que pasabas escuchándola? Era como meditar, pero al revés. En vez de concentrarte, te difuminabas. En vez de centrarte, te diluías. Hacia senderos sin salida, en mitad del bosque. Cuyas huellas, al mirar atrás, desaparecían. Seguramente volviendo al único lugar en el podían estar. Y es que, you're innocent when you dream. Pero, hazte un favor, no dejes nunca de hacerlo. Y allí me encontrarás. Buscando las huellas invisibles, entre la hierba.


Éste es otro de esos himnos oscuros tan suyos. Que, por suerte, seguirán en la sombra. A salvo. La escribió junto a ese bicharraco que fue William S. Burroughs. El Cd reposa, supongo, en una caja, guardada en el viejo mueble de mi habitación. Nadie sabe que está allí. Nadie, excepto ese viejo amigo, que siempre va conmigo, y que, de vez en cuando, me recuerda el secreto de la filantropía. Se titula The Brier and The Rose...

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